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Terra
La Coctelera

Triste cotilleo.

No, no puede ser. Lo que hace el viajar, leer, descubrirse a uno mismo y al mundo y sobre todo lo que hace el ser o no buena gente. Por circunstancias que ahora no vienen al caso y que más adelante iré desgranando, siento haber retrocedido a un mundo de miseria en el que pasé de puntillas porque nunca me gustó, en el que siempre evité caer y en el que ahora me han intentado enredar pero no lo han conseguido.

Hace no mucho tiempo conocí a unas personas con las que la relación no iba más allá de un simple café y después "si te he visto no me acuerdo" por la disparidad de caminos andados, de caracteres y de sueños. Momentos difíciles en mi vida hicieron que esa relación se estrechara algo más. Por mi parte lo justo, por parte de algunas de esas personas pareció ser el momento adecuado para "asaltarme" y llevarme a ese terreno lúgrube del que siempre he huido. Dimes y diretes, enfrentamientos, hipocresías... Los cafés de todas las tardes sin mayor transcendencia que unas risas sin más, dieron lugar a rostros ávidos de manipulación fuera del entorno habitual. Búsqueda de enfrentamientos. Después de esta experiencia tan negativa a una escala menor, me es más fácil entender como está el mundo, reflejo ampliado de la cotidianidad de unos cuantos por querer controlar a los demás, por sonreír delante de quienes por detrás crucifican. Lamentable.

Hablo de simples amas de casa que las ves asi, tomando un café y piensas "qué sanas parecen" pero cuando encuentran pábulo para entrar en tu vida, la miseria que las habita sale a la luz descubres que las risas compartidas a media tarde son murmullos entre dientes de las unas a las otras y de las otras a las unas. Que la envidia las corroe a pesar de su ritmo de vida del primer mundo. Que se alaban mientras piensan en insultos. Que no entienden que haya otro mundo porque nunca se han ocupado de cultivarlo, pero sin embargo sí les molesta quien en él vive y las ignora.

Hablo de simples amas de casa de cualquier capital de provincia. Esa imagen amable con el carrito en el mercado ha pasado a ser para mí un rechazo total. Es cierto que no se puede generalizar pero el grupo del que yo hablo son unas once mujeres que juntas parecen amigas intimísimas, por separado las bocas se les llenan de espuma por el peinado de la fulanita, el amante de la menganita, el coche de los vecinos o la luna que sólo la quisieran para sus ventanas. Es de entender que proliferen ciertos programas en la televisión, que tanta prensa rosa se venda y que la vida de los demas sea para algunos como la propia....

Patético. Viajar, leer, reflexionar no les vendría mal para sí mismas y para los demás. No les vendría mal al mundo que tendría otra cara más amable porque si desde abajo así andamos ¿Qué queremos arriba?.

P.S. : Se me olvidaba, soy mujer y somos muchas las que vivimos nuestra vida, otra cosa es que nos dejen vivirla en paz.

Penúltimo sábado de mayo.

Hoy en mi ciudad llueve sin parar, como en casi todo el país. Hoy, penúltimo sábado de mayo, el cielo está gris plomizo y hasta los tejados rojos parecen haber tomado algo de ese gris. Llueve, detrás de los cristales, llueve y llueve, como cantaba Serrat. Igual. Y, como él, yo también os podría contar muchas cosas de soledades y tristezas, de risas y guiños, de una vida vivida. De una paz lograda a fuerza de batallas y que ahora, a veces, el más leve estornudo consigue hacerla temblar desde sus cimientos, desmoronando en segundos el preciado trofeo conseguido a lo largo de los años. Pero vuelvo a recuperarlo cuando pienso en tantos y tantos caminos andados, en tantos otoños siendo hoja amarillenta de remolinos, siendo soledad blanca en interminables inviernos sin abrazos, siendo el paso quedo y silencioso que con tenacidad llegó a donde está ahora y que no retrocede si no es para recuperar la huella, necesaria a veces, para seguir caminando de forma más segura.

He regresado a mi ciudad, no hace mucho tiempo. Después de sufrir una larga y dolorosa reconciliación con sus calles, su aire y su olor. Ha sido un largo proceso, años. Y cuando comprendí que estaba fortalecida para volver decidí hacerlo, pero para quedarme. Ya no le recrimino nada cuando la camino. Dejo que me enrede como entonces, que me traiga rostros y me devuelva risas por todas las lágrimas que me costó amarla, olvidarla y recuperarla de ese olvido dormido. Ahora me acaricia y nos regocijamos juntas por todo lo vivido y juntas lloramos lo definitivamente perdido, pero hombro a hombro como amigas inseparables y cómplices de la vida que fue y de la que nos espera.

He regresado a vivir en paz con mis fantasmas.